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Una semana de mar y morbo, cada día una sopresa.

Experiencia por: Paul Lazo
Categoría: Experiencia + Ficción
Fecha: 02/02/23

Lo que os voy a contar ocurrió hace poco y no se ha vuelto a repetir, aunque confieso que me encantaría. Espero el día en que la suerte me coloque frente a una situación que me provoque tanto morbo y durante tantos días. No me enredo más, al lío.
 
El pasado verano mi novia me propuso pasar una semana en la playa a casa de una amiga suya. Me pareció un buen plan, irían más amigas y la que nos invitaba salía con un chaval de por allí. Llevaban poco saliendo y no le conocía mucho, pero me aseguraba tener algún actividad alternativa para no estar todo el día al sol como un lagarto.
 
El primer día me di cuenta del error. Todos tenían ganas de playa y a mi tanta toalla me aburre. Les dije que me iba a dar un paseo hasta el pueblo pero nadie se apuntó, así que me eché al hombro la mochila con la camiseta, el móvil, la cartera y una botella de agua y me fui paseando por la orilla hasta que llegué al puerto.
 
Caminé un rato entre los barcos, muchos habían salido, el mar estaba plano como una tabla. Si yo tuviera alguno de aquellos barcos seguro que estaría en el mar también. En el extremo del muelle vi uno que me llamó la atención. No era muy grande ni lujoso pero era todo de madera. Decidí acercarme para verlo más cerca. Al llegar vi que un hombre estaba a bordo en cuclillas, con medio cuerpo metido dentro de un estrecho hueco, probablemente arreglando alguna avería. Salió de pronto y según lo hizo levantó la vista y me sorprendió mirándolo. Tendría unos 50 años, estaba en forma y bastante moreno por el sol. En las manos, una llave inglesa y un destornillador. Se quedó quieto, mirándome con curiosidad. Imposible disimular.
 
– Hola- le dije bastante cortado, ahí plantado como un conejo cegado por los faros de un coche.- Bonito barco- añadí para terminar de cagarla. Se me escapó de la boca pero sentí que algo tenía que decir para salir de esa situación tan incómoda. Era tarde para disimular.
 
– Muchas gracias- me contestó rápidamente y tras dar un suspiro añadió- Seguro que no te lo parecería tanto si tuvieras que arreglar todas sus averías- dijo poniéndose la mano sobre los ojos a modo de visera para mirarme.
 
Me pareció un tipo majo. Se levantó y como si yo no estuviera, se acercó al puente de mando y pulsó un botón, varias veces, sin que pareciera que pasara nada. 
 
– Oye, te importaría echarme una mano, será solo un segundo.
 
Total, que me vi de pronto dentro del barco, pulsando aquel botón cada vez que él me lo pedía desde el interior de aquel agujero en el que seguía enredando y sin saber qué extraño mecanismo debería poner en marcha. La situación me pareció de lo más cómica. Solo le veía el culo, agachado como estaba, diciendo de vez en cuando “dale”, “no le des”.
 
Se me escapó una risa que él oyó. Salió y se volvió riendo.
 
– No seas cabrón que se porqué te ríes. Dale una vez más. Al botón.-precisó sonriendo.
 
Me reí, volví a pulsar y empezó a sonar un zumbido, como un ventilador o algo así.
 
– ¡Por fin! Arreglado. Ya puedes dejar de mirarme el culo- bromeó para devolvérmela.- Muchas gracias, te parecerá poco pero me has ahorrado un buen rato, y con este calor se agradece.- 
 
Yo estaba a punto de salir del barco y añadió de pronto,
 
– ¿Tienes algo que hacer ahora? Pensaba salir a darme un baño, algo rápido. ¿Te apetece?
 
Por supuesto que me apetecía.
 
No nos alejamos mucho del puerto, además aquel barco era bonito, pero no rápido. Puso algo de música y fuimos charlando tranquilamente. Me contó que era arquitecto, y riendo me confesó que le gustaba más el barco que navegar, pero que a su familia no le gustaba ni siquiera el barco aunque era una buena excusa para escaparse de la playa o de la piscina.
 
– Una excusa cara- bromeé – pero si yo pudiera haría lo mismo que tu.
 
Me dijo que yo aun era joven y que si tenía tanta suerte como él podría tener un barco como ese o incluso uno mejor.
 
Paró el motor.
 
-Al agua- ordenó, mientras sin dudarlo ni un segundo se quitó el bañador y se lanzó al agua desnudo.
 
Me quedé un poco cortado. No sabía si eso era lo que había que hacer. El se dio cuenta.
 
-Haz lo que quieras-me dijo desde el agua- Yo me lo quito porque después es un coñazo estar con el bañador mojado.-
 
Me desnudé y me lancé de cabeza al agua. Antes de salir a la superficie abrí los ojos, miré hacia el azul oscuro del fondo y vi brillar mi cintura y mi polla. Estaba tan blanco en esa zona como las señales reflectantes de una carretera. Salí a la superficie con una sonrisa.
 
-¡Qué gozada!- exclamé sin disimular la emoción.
 
Estuvimos un rato en el agua hasta que me propuso tomar una cerveza. Resulta que lo que había arreglado era una nevera, y dijo que no había mejor manera de saber si funcionaba bien.
 
Salió, se secó con una toalla y se la dejó enroscada a la cintura. Me tendió otra e hice lo mismo. Entre sorbo y sorbo charlamos un rato. Le conté que había ido allí con mi novia y unas amigas, que me aburría en la playa, y que al único chico que había parecía gustarle la playa tanto como a ellas.
 
-¡Qué mal!- contestó- pero te entiendo. Yo para no aburrirme me vengo aquí un rato por las tardes. Es mi momento ¿sabes? Son como las vacaciones dentro de las vacaciones, y los ratos que más me gustan. Y ojo que lo paso muy bien con la familia. Pero aquí ni soy padre, ni marido, ni arquitecto ni nada. Libertad total.- y él mismo se interrumpió- Seguro que te suena a chino todo esto, olvídalo.
 
– ¡Que va!- repliqué- Entiendo perfectamente lo que dices. ¡Esto es un sueño! Sin ataduras, lejos de todo, sin dar explicaciones. Es como Las Vegas.- bromeé.
 
– Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas- rio y con sus ojos clavados en los míos que quitó la toalla de la cintura y le dio un sorbo a la cerveza.
 
Me atraganté. No me esperaba aquella reacción, ni siquiera estaba seguro de que estuviera entendiendo bien lo que pasaba. Tosí un par de veces e intentando disimular mi confusión, le pregunté si había tiempo para otro chapuzón. Me contestó que si mientras se ponía de nuevo el bañador seco. Yo, desnudo, volví a lanzarme al agua.
 
Mientras nadaba intentaba poner orden a mis ideas. ¿Se había insinuado?, ¿o se había quitado la toalla solo para ponerse el bañador? Seguramente sí, pero su imagen desnudo frente a mi levantando la cerveza hasta los labios…¿se habría dado cuenta de que le miré la polla? Es que no pude evitarlo. Fue la curiosidad, el tío hacía deporte porque tenía un cuerpo bien trabajado, los músculos de los hombros y pecho marcados y en la cintura estrecha se adivinaban los abdominales. Pero en lo que me fijé aunque solo fuera uno instante, un instante fatal porque seguro que se llevó una impresión equivocada, fue en su polla. Algo más grande que la mía, también sin circuncidar, rodeada de un poco de vello, bien recortado.
 
Me agarré a la escalerilla para salir del agua y descubrí que no era el mejor momento. Me había empalmado sin darme cuenta. ¿Qué coño me estaba pasando?, ¿por qué me excitaba tanto esa situación?. Y al mismo tiempo, ¿Quién te dice que se ha insinuado?, ¿quieres hacer el mayor ridículo de tu vida? ¿crees que esto es lo mismo que cuando te hacías pajas de niño con los amigos viendo porno? Aquellas últimas preguntas fueron suficientes para que pudiera salir del agua sin problemas.
 
El tío estaba tumbado al sol sobre una gran colchoneta que había en la parte delantera del barco. La proa recordé después que se llamaba. Se había abierto otra cerveza.
 
-Coge otra si quieres- me dijo sin abrir los ojos.
 
Me convencí de que me había montado una película tremenda. Como él había hecho antes, me puse el bañador cogí otra de la nevera y me tumbé en la misma colchoneta a su lado, pero manteniendo suficiente distancia… Sentí cierto alivio, pero también una extraña agitación por dentro. ¿Qué hubiera tenido de malo probar algo sexual con otro tío? Además, la situación podría ser igual de morbosa para él, tampoco yo estaba nada mal, llevaba haciendo deporte toda la vida y sabía que resultaba guapo a la gente. Incluso más de un tío se me había insinuado alguna vez aunque no demostré interés por ninguno. Claro que tampoco había estado denudo a bordo de un barco tomando cervezas y como él había dicho, pasando unas vacaciones dentro de las vacaciones.
 
Guardábamos silencio. Entreabrí los ojos y le miré furtivamente. El seguía con los ojos cerrados, su pecho subía y bajaba suavemente al ritmo tranquilo de su respiración. Mis ojos pasaron sobre su abdomen y como un crio que sabe que está haciendo algo prohibido miré más abajo de la goma de su bañador para descubrir que su paquete aparecía notablemente abultado. Cerré los ojos, mi polla empezó a subir. A los cinco segundos ya notaba como empujaba la tela del bañador.
 
– Que no se de cuenta, por favor. Que no se dé cuenta- supliqué mientras entreabría de nuevo los ojos con más cuidado aun que antes, para descubrir que ya era demasiado tarde. Ya lo creo que si. Me miraba y sonreía. No había nada que hacer. Imposible disimular.
 
– Vaya, vaya, como estamos- Y lo dijo con tanta naturalidad y buen humor que mi corazón, que estaba a punto de escaparse del pecho, recuperó su latido normal.
 
– No te preocupes- añadió cerrando de nuevo los ojos – Raro es el día que vengo solo y no termino haciéndome una paja.
 
Era el momento de poner algo de mi parte y no parecer un crio.
 
– Adelante, es tu barco- respondí sin moverme – No voy a ver nada que no haya hecho yo antes.- y le sonreí intentando que no me temblara el labio, aparentando una tranquilidad que había saltado definitivamente por la borda.
 
Se incorporó levemente y giró la cabeza a ambos lados para comprobar que no había ningún otro barco cerca. Satisfecho, volvió a tumbarse y empezó a acariciarse el paquete por encima del bañador. Cerró los ojos, mientras lo hacía. Su polla había crecido más todavía, parecía que luchaba por escapar de la tela. Yo no sabía bien qué hacer, ¿querría privacidad? ¿debía volver al agua hasta que terminara? No tuve que tomar ninguna decisión, él lo hizo por mi.
 
– ¿Qué pasa? ¿No te animas?
 
-Eeee si, claro- contesté acercando la mano a mi paquete. Me encontré allí con una tienda de campaña y en la cima, coronaba húmedo un cerco de líquido preseminal.
 
– Vaya- dijo bajando la vista hasta mi abultada entrepierna- Parece que al final si vas a mojar tu bañador.
 
Me incorporé para mirarme. Aparté la mano y me reí. Tenía razón, la tela era azul claro y se veía perfectamente el cerco.
 
– Va a ser mejor que me quite el bañador- dije mientras arqueaba la espalda para poder sacármelo.
 
La polla me rebotó contra el vientre cuando la goma del bañador la dejó escapar.
 
– Buena herramienta- me dijo sin apartar la vista de mi polla- ¿Quieres ver la mía empalmada?
 
Claro que quería. Me moría de las ganas. La sujetaba a través de la tela, como evitando que se escapara. Lo hacía con fuerza y la tensión se traspasaba a su antebrazo donde músculos y tendones estaban en tensión. De pronto se relajaron, metió la mano bajo el bañador, y sosteniendo su polla contra el vientre alzó la mano para levantar la tela y enseñármela sin llegar a sacarla del todo. Allí estaba, veía el glande palpitar bajo su palma. Acechaba desde el interior de su cueva, esperando a ser liberada.
 
Debió darse cuenta de cómo la miraba porque aguantó un rato en esa posición. Es esos segundos calibré sin mucho éxito lo que estaría dispuesto a hacer con aquella polla. Necesitaba verla entera y moría de ganas de poder tocarla, pero no dije nada. Quizá el no estaba dispuesto a traspasar esa frontera. ¡Tampoco yo lo estaba un par de horas antes!
 
Finalmente su mano hizo palanca y se retiró hacia abajo el bañador para liberar su polla del encierro. Quedó erecta hacia el cielo como el mástil de un velero. Recta y de aspecto suave estaba surcada por venas que la ondulaban como al mar una brisa ligera. La agarró con su mano derecha y empezó a recorrerla arriba y abajo, suavemente.
 
Yo llevaba un rato mirando su polla boquiabierto. Si se había dado cuenta quizá le estuviera haciendo sentir incómodo. Le miré a la cara para comprobarlo. Él observaba su polla pero al sentir que le miraba alzó la vista, me sonrió, y después clavó su mirada en mi polla.
 
– Me gusta- susurró, y al decirlo me excité todavía más.- ¿Puedo tocarla? Si no quieres basta con decirlo, en serio- añadió apresurado.
 
No le contesté. Me limité a retirar la mano de ella. Mi polla quedó quieta, ladeada hacía mi vientre y un poco a la derecha. Vi como su mano izquierda se acercaba. Lo primero que acarició fue mi vientre. Recorrió con una suave caricia la distancia que hay desde el obligo, pasando sobre el vello púbico hasta alcanzar la base del pene. Lentamente y con mucho cuidado lo agarró, primero con el índice y el pulgar, pero enseguida se fueron sumando el resto de los dedos hasta que la tenía completamente aferrada. Cerré los ojos. Los volví a abrir.
 
-¿Todo bien?- se detuvo, sin retirar la mano, esperando una respuesta.
 
– Muy bien. Solo que no puedo creer que esté pasando esto. Pero sigue, por favor.
 
Su mano fue cogiendo altura hacia el glande que el prepucio no lograba cubrir por completo. Antes de llegar se detuvo, cerró un poco más su mano al tiempo que la hacía bajar de nuevo. Vi como me iba descubriendo el capullo, que había adquirido un color rosado más intenso. Joder, qué placer estaba sintiendo. De mi polla y de mis huevos salían descargas eléctricas de placer que me recorrían todo el cuerpo. Su pulgar abandonó su posición en busca de una gota de líquido preseminal que asomaba en el extremo de mi polla. Con movimientos suaves y circulares lo usó como lubricante y fue bajando por el frenillo. Era imposible sentir más placer. Mi espalda se arqueaba, mi cuello se tensaba hacía atrás.
 
– Me toca- le dije sin esconder las ganas que tenía de pajearle por fin.
 
Se tumbó boca arriba y me dejó hacer. Me coloqué sobre mi codo derecho mientras que con la mano izquierda empecé a recorrer el interior de su pierna desde la rodilla hasta que noté la suavidad de sus huevos en el dorso de la mano. Era raro acariciar de esa manera a otro tío. Miraba mi mano sin creer que fuera mía, sorprendido con su suavidad, agarré sus huevos con cuidado, los sostuve unos segundos en la palma ahuecada de mi mano y los liberé para poder llegar por fin a la base de esa polla que veía palpitar ya tan cerca de mis dedos. La cogí por la base con suavidad. No podía creer lo que estaba haciendo. Quería devolver el placer que tan solo un minuto antes yo había sentido. Y quería explorar cuánto placer más podría sentir con aquella situación, con otro tío que demostraba saber muy bien cómo hacer las cosas.
 
Empecé a pajearle suavemente. Me sorprendió lo agradable y excitante que era tocar una polla extraña. Su respiración comenzó a agitarse y mi mano lo percibió como señal de acelerar el ritmo.
 
-Qué bien lo haces cabrón- dijo resoplando de placer.
 
Me excitó el cumplido. Pasé unos segundos o quizá minutos, era difícil calcular el tiempo, pajeando aquella polla, paraba, la acariciaba y volvía a empezar. Cada vez estaba más cachondo, seguro que podía hacer algo más. Seguro que había alguna manera de compartir ese momento más estrechamente. Piensa, piensa, me decía mientras escuchaba su respiración y mi cuerpo entero se agitaba por el movimiento de mi mano alrededor de su polla.
 
Su mano se posó suave sobre mi espalada. La dejó quieta por si acaso yo no estaba de acuerdo con ese tipo de caricias. Le dejé hacer y empezó a acariciarme suavemente al principio hasta que me atrajo con fuerza hacia su cuerpo. Mi polla tocó su cintura, nuestras piernas se enredaron. Me gustó sentir el tacto de su piel sobre la mía. Quise ir más allá.
 
De un movimiento rápido le pasé mi pierna izquierda sobre la cintura y quedé sentado sobre sus piernas a horcajadas. Con la espalda erguida y sin haber soltado su polla le seguí pajeando. Abrió los ojos y al mirar hacia arriba y verme sonrió y lanzó un resoplido de placer. Con ambas manos me agarró las caderas y arqueó la cintura para comprobar lo cerca que estaban nuestras pollas. Cada uno empezó a pajear la polla del otro.
 
-Deja que me ocupe-dijo de pronto.
 
Retiré la mano y unió nuestras pollas con la suya mientras nos pajeaba a la vez. Si darme cuenta empecé a mover la cintura, hacía delante y hacía atrás, suavemente. Mi polla resbalaba sobre la suya y a la vez entraba y salía de su mano. Noté también como mis huevos resbalaban sobre los suyos. Aquello me excitó todavía más.
 
Para entonces ya había perdido todo el control. Solo quería placer, más placer. Y sentí que no me quedaba mucho más tiempo antes de correrme. Quería que aquello durara un poco más, pero deseaba llegar al orgasmo. Le avisé.
 
-Yo también estoy a punto- me contestó.
 
Cada uno cogió su polla, y sin cambiar de posición, sentado sobre él, viendo como se pajeaba y como se agitaba su cuerpo, imaginé como me vería él. Mi lengua recorría mis labios que se abrían y cerraban al ritmo de mi respiración con mis músculos en tensión, mientras mi brazo se agitaba cada vez más fuerte sobre mi polla. Estaba a punto de correrme. No podía evitar alzar la mirada de vez en cuando hacia el cielo azul, el sol cegaba mis ojos, mi cuerpo se tensaba, mis piernas apretaban sus caderas.
 
Noté sus espasmos, bajé la mirada. Ya que había llegado tan lejos no quería perderme ningún detalle. De su polla brotó una primera descarga de semen que le llegó hasta el pecho. Su cuerpo estaba tenso, sus músculos contraídos. Había echado la cabeza hacia atrás y jadeaba con la boca abierta. Si llegar a cerrarla logró bajar la mirada. Tampoco él quería perderse ningún detalle. Una nueva descarga y una nueva contracción de todo su cuerpo. Alzó su mirada buscando la mía, de su polla seguía saliendo su leche caliente cada vez con menos fuerza. Su mano derecha abandonó mi rodilla donde estaba aferrada y me agarró la muñeca de mi mano izquierda. Le dejé hacer. Posó mi palma sobre su abdomen. Enseguida noté la humedad de su semen mientras la hacía girar en círculos para finalmente conducírmela hacia su verga. Instintivamente supe qué hacer. Aferré su polla aun dura y resbaladiza por la espesa y blanca lefa y la seguí pajeando suavemente. Aceleré el ritmo de mi propia paja, aunque no me hacía falta mucho más.
 
Noté que el orgasmo estaba cerca, y que iba a ser de los intensos. Apreté con fuerza mis piernas alrededor de su cadera, recuerdo que pensé durante un segundo si podría estar haciéndole daño. De lo más profundo de mi cuerpo y desde cada una de mis extremidades, empezó a brotar un placer eléctrico tan intenso que me nubló la vista. Se tensó cada musculo de mi cuerpo, mis pulmones se vaciaron con un profundo gemido, intenté abrir los ojos y el destello del sol y el placer me hicieron cerrarlos de nuevo. Cuando pude abrirlos por fin mi cuerpo seguía moviéndose rítmicamente sobre el suyo y mi polla seguía disparando semen. ¡Le había llegado hasta el cuello!
 
A él no parecía importarle, se estaba acariciando el cuerpo, mezclando su semen con el mío. No me desagradó, al fin y al cabo nuestros cuerpos se habían unido para darse placer mutuo y esa unión había terminado por fundirse en un orgasmo, igual que ahora se fundía nuestra lefa aun caliente.
 
Respiré hondo. Seguro que estaba viendo la expresión relajada de mi cara. Con los ojos cerrados sonreí, sabiendo que él me estaba mirando.
 
– La que hemos liado aquí- dijo de buen humor.
 
Con aquella frase puso fin suavemente a aquel momento. El sexo había terminado. Nada de emociones, queríamos sexo y es lo que habíamos tenido. Ahora tocaba actuar con seguridad, de buen humor y sin atisbo de remordimientos.
 
– Mejor voy a limpiarme todo esto y te recomiendo que hagas lo mismo.-
 
Saltamos al agua, y el mar se ocupó de borrar el sudor y el semen de nuestros cuerpos. En mi caso también todo atisbo de remordimiento.
 
Regresamos charlando amigablemente sobre nada que tuviera que ver con lo que tan solo un rato antes habíamos compartido. Al despedirnos nos dimos un sincero apretón de manos. No quedamos para otro día, no nos dimos los teléfonos. Nos dijimos adiós sin más, con una amplia sonrisa. Podríamos haber sido buenos amigos si hubiéramos tenido más cosas en común.
 
Mientas caminaba de regreso a la playa pensé en si debía contarle a mi novia lo que había pasado. Quizá más adelante. Llevábamos poco tiempo saliendo y prefería evitar malos entendidos. Tampoco tenía claro lo que aquello había significado para mí. Sería mejor esperar. Había experimentado otra forma de practicar sexo, e igual que cuando me masturbaba no sentía que la traicionara, tampoco sentí que aquello hubiera sido como tirarme a otra tía.
 
La llamé por teléfono. Habían reservado mesa en un chiringuito.
 
Les conté lo del paseo en barco y me ahorré los detalles. Una de las amigas propuso entre bromas pasar por allí otro día a ver si a ellas también las llevaba a darse un baño. Algunas miradas de sana envidia y la conversación siguió por otro lado. Esa tarde tenían pensado hacer unas compras y por la noche tomar algo por la zona de los bares. Esta vez yo sería el único chico, el otro chaval estaba en un equipo de fútbol local y tenía entrenamiento por la tarde.
 
Después de comer nos fuimos a echar una siesta. Mi novia y yo aprovechamos para echar un buen polvo. Yo tenía ganas después de lo de aquella mañana. Además quería comprobar qué nada había cambiado. Me tranquilicé. Disfruté del sexo con ella como siempre lo había hecho.
 
Más tarde, cuando ya llevaban vistas tres tiendas el aburrimiento pudo conmigo. Propuse a las chicas ir al cine, me habían arrastrado hasta un centro comercial y era el único plan que podía apetecerme allí. Se apiadaron de mi y me mandaron a comprar las entradas.
 
Esperé la cola, compré las entradas y con la vejiga llena a rebosar entré corriendo a los servicios.
 
Algunas de las puertas de los váteres estaban cerradas pero todos los urinarios estaban libres así que elegí uno al azar y desenfundé para mear. Al poco, un tipo se colocó en otro un poco más allá. Por el rabillo del ojo vi que giraba un par de veces la cabeza hacia mí y que se separaba un poco de la pared. Por supuesto no era la primera vez que me pasaba algo así. Como otras veces, no mostré ningún interés, me la sacudí y me acerqué a los lavabos. Sabía lo que se estaba cociendo en ese lugar. Con las manos aun mojadas me estaba colocando un poco el pelo frente al espejo cuando se abrió una de las puertas de los váteres que estaban justo detrás. En el reflejo vi como salía con prisas un chico, más o menos de mi edad. Me llamó la atención que cerrara la puerta con tanta rapidez. Miré un poco más abajo y vi una sombra bajo la puerta. Sonreí. ¿tardaría mucho en salir el otro ocupante? No tardó en hacerlo.
 
La puerta se abrió y reconocí su cara al instante. Subió la vista y reconoció también la mía. Nos quedamos helados sin saber qué hacer ni qué decir. Fingí que no me había dado cuenta de nada.
 
-¡Ey! ¿qué tal ha ido el entrenamiento?- dije siendo tan natural como un gato de escayola.
 
-¡Hola, qué sorpresa!. Ha ido bien- se había quedado tan blanco que casi trasparentaba- no sabía que vendríais por aquí- logró decir.
 
-El plan era otro pero querían ir de compras y yo propuse venir al cine. Si quieres estoy a tiempo de comprar otra entrada.
 
– No, no gracias. Tengo que ir a casa a ducharme, hoy nos han metido mucha caña y con este calor…
 
-Mucha caña te han dado…- pensé con sorna para mis adentros. Pero nada de aquello era asunto mío. Y no iba a ser yo quien fuera a delatarle. Menos aún después de lo que yo había hecho aquella misma mañana. Decidí en aquel instante que yo jugaría en su equipo.
 
– Entonces no les diré a las chicas que te he visto, ¿te parece? Sino insistirán en que te quedes.-
 
– Gracias- respondió y sus ojos agradecieron también mi promesa implícita de no decir nada.
 
Me dio un poco de pena el chaval. Sabía que esa noche no iba a poder pegar ojo por miedo a lo que yo pudiera contar.
 
– Me están esperando en la tienda de ropa esa que está en la planta de abajo.- fue mi forma de indicarle el camino de huida.
 
– Hasta mañana- y se escurrió todo lo deprisa que pudo fuera de aquellos servicios.
 
Temí no volver a verle. Mientras regresaba a la tienda en la que me esperaban las chicas no pude evitar sentirme un poco culpable. Pensé que no tardaría mucho en romper con la amiga de mi novia. Pero no fue así.
 
Al día siguiente llegó sonriente durante el desayuno, y más tarde aquel segundo día de vacaciones tuvimos tiempo de hablar. Ya lo creo que si. De hablar y de alguna cosa más.
 
Continuará. 

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